miércoles, 3 de febrero de 2010
"¡Oh, casi nada, pues, Julio Iglesias!"
No obstante los naturales privilegios derivados de ser reportero del primer diario del país, El Tiempo, lo cual equivale a tener acceso a los escenarios, circunstancias, vivencias, secretos y protagonistas más ajenos al alcance del gran público, uno de mis encuentros más insólitos y mejor recordados tuvo lugar hacia las 10:00 de la noche del jueves 3 de mayo de 1973.De no ser porque el registro gráfico de aquella ocasión así lo atestigua, hoy, casi 37 años después, cualquier prevenido o deprevenido interlocutor o cibernauta pensaría —inclusive con cierta razón— que el propósito de esta reseña son meras presunciones o cosas de la imaginación del autor del blog (primero a la izquierda, con gafas a la moda impuesta por el cantante argentino Piero). ¡Ni lo uno ni lo otro! Se trata, simplemente, de un ejercicio de la nostalgia.
El escenario de la foto es el exclusivo restaurante y bar La Cascada, en los bajos del Hotel Tequendama, que por entonces era uno de los pocos sitios en la ciudad con servicio de 24 horas. Era el punto una especie de lo que en nuestras capitales ahora se conoce como zona rosa, es decir, un lugar donde confluyen turistas, ejecutivos, gente de la cultura, la radio y la televisión, de la farándula, etc. y en general protagonistas del jet-set.
Sin más preámbulos, este episodio comenzó cuando Dragoslav Šekularac, mejor conocido en el universo futbolístico como Seky o Šeky (segundo de izquierda a derecha), entonces jugador de Los Millonarios, me invitó al lugar que ocasionalmente nos servía para rematar una partida de bolos en el Bolívar Bolo Club o una jornada de casino en Casablanca.
Para la audiencia nueva que pueda acceder a esta lectura, habrá que repasar un poco de historia y recordar que Seky —nacido en 1937 en Štip, Vardar Banovina, de la desaparecida Yugoslavia— fue considerado por la crítica especializada de su tiempo como uno de los mejores futbolistas del mundo, al punto ser investido como la versión blanca del gran Pelé. Así se quedó: El Pelé Blanco, a partir del Campeonato Mundial de 1962 en Chile. Ya en el ocaso deportivo, en 1969 llegó a Colombia para el Independiente Santa Fe, club con el cual abarrotó los estadios.
Como de costumbre, aquella noche La Cascada era un hervidero. Encontrar una mesa disponible rayaba con la proeza. A punto de capitular en busca de un puesto, decidimos avanzar hasta el fondo del establecimiento. ¡Nada! Hasta cuando divisamos un último rincón, justamente en la esquina de un larguísimo sofá en el límite del recinto. El mueble servía a varias mesas a la vez. Nadie había accedido hasta allí, talvez por lo invisible en medio de la saturación de clientes, que departían a sus anchas entre los acordes de un piano bastante sonoro.
"Mira, allá hay un sitio", dijo Seky, "¿te parece si nos acomodamos ahí?". Tras pensarlo durante unos segundos, repliqué: "Eso está muy estrecho, muy incómodo". Mientras nos aproximábamos al único punto disponible en los más de 400 metros cuadrados del abarrotado restaurante, Seky, en su español machacado, anotó: "Mira, este tipo creo haberlo visto...". La naturaleza del lugar hacía factible que hubiese personajes públicos, lo cual, en términos de costumbre, gracias a la reportería, no llamó mayormente mi atención.
Sin embargo, segundos después de buscar entre decenas de rostros, apunté cerca del rincón que buscábamos. "¡Hombre!", exclamé, ahora sí sorprendido, "¡pues, ese tipo es Julio Iglesias, casi nada!". Ante semejante protagonista del momento musical en Colombia y en el concierto internacional, la estrechez del rincón pasó a un quinto plano ante lo que resultaban un lugar y ocasión de verdadero privilegio.
En la voz de Julio Iglesias, por aquellos días el éxito arrollador de Río Rebelde estaba en la cumbre. Era una especie de himno, que reproducían sin saciarse las tiendas de discos, las emisoras juveniles y las estaciones románticas. Por supuesto, aún no existía el fenómeno de la piratería. El intérprete de aquel hit había llegado a la víspera a la capital, para hacer su debut al día siguiente, el viernes 27 de agosto, en el recinto más importante de la época, si no el único: El Teatro Jorge Eliécer Gaitán, cuya capacidad, por cierto, resultaba insignificante para un ídolo de factura internacional como Julio Iglesias: ¡apenas 2.000 espectadores!
Después de abrirnos paso por entre el apretado laberinto de mesas, por fin logramos acceder al rincón elegido. Acompañado por un séquito de beldades y de colaboradores, Julio Iglesias, que estaba sentado al extremo de su grupo y sobre el sofá, nos saludó cordialmente al vernos ingresar con cierto esfuerzo hacia la mesa del rincón. Algo tardó el mesero en acudir a nuestra mesa. Seky, que era de un carácter agridulce y más bien introvertido, fingió no darle mayor importancia a su inmediato vecino de mesa —y de asiento, en este caso el sofá que ahora compartíamos con el cantante— mientras Iglesias retomaba la conversación con sus acompañantes.
Transcurrido cierto rato, mi amigo yugoslavo me confió al oido: "Este tipo es el mismo que atajó en el Real Madrid", con lo que ponía de presente que diez años atrás el famoso cantante había sido portero del célebre equipo español. La foto de la izquierda corresponde a su carné como jugador. Recordé, por supuesto, que Iglesias había abandonado la práctica del fútbol a causa de un grave accidente automovilístico sufrido en 1963, cuando —como lo registran los archivos— viajaba de Majadahonda a Madrid. Y fue durante su convalecencia en el hospital cuando Eladio Magdaleno, el enfermero que lo cuidaba y que era furibundo hincha del Real, le obsequió la guitarra que lo llevaría por el camino de la música y por ella al Festival de Benidorm, que ganó en 1968 y le abrió las puertas de la fama.
"Es más", continuó diciendo Seky a propósito del Iglesias futbolista, "cuando yo jugaba para el Estrella Roja de Belgrado, me enfrenté con él durante el Campeonato de Clubes de Europa".
A estas alturas de la situación sorprendía que el intérprete de Río Rebelde no reconociera de primera mano al Pelé Blanco, cuyo enorme prestigio se había paseado por los estadios del Viejo Continente durante más de una década. Por supuesto, de entrada este detalle tocó la autoestima de Seky, quien de inmediato me propuso poner en práctica una especie de ejercicio para la memoria del cantante, que continuaba embebido en la conversación con los suyos de mesa.
"No puedo creer que este tipo no me reconozca. Pregúntale", me pidió Sekularac, "si conoce futbolistas famosos de Yugoslavia". Sin vacilar, interrumpí a Julio Iglesias, quien amablemente accedió para contestar que, en efecto, durante su carrera deportiva había conocido a muchos y muy buenos jugadores yugoslavos. "¿Como cuáles?", insistí. "Hombre, pues, ¡muchos, muchísimos!", replicó mi interlocutor español. Ubicado entre el cantante y yo, Seky apenas aparentaba no darle trascendencia al asunto.
La charla enrumbó entonces hacia los campos deportivos y por las entonces ya lejanas experiencias de Iglesias en la portería del Real. Durante una de las tantas interrupciones previsibles, pues el cantante atendía simultáneamente a la gente de su mesa, Seky porfió en que yo le preguntara a su ilustre vecino acerca del futbolista más notable de Yugoslavia que hubiera conocido durante su paso por las canchas.
"¡Sí, claro, hubo uno estupendo! ¡El mejor de todos!", fue con vaguedad la respuesta de la vedette española de la canción, "sólo que ahora se me olvida su nombre". Entre la impaciencia y la bronca, mi amigo me miró de reojo. En tan incómoda circunstancia, volví a la carga tratando da darle alguna pista al entrevistado, quien, acosado por mi insistencia, se puso a remover memoria mientras hacía sonar los dedos como castañuelas para encontrar la respuesta. "Se llamaba, se llamaba... ¿Sabes? Lo tengo en la punta de la lengua". Expectativa en nuestra mesa. "¡No, se me escapa su nombre!", dijo luego el cantante. Una visita del mesero, algún asunto distractor del tema, algo se atravesaba, y la memoria de Julio Iglesias no daba en el blanco.
Un codazo aplicado con cierto siglo por mi amigo yugoslavo me indujo a repreguntarle a Julio Iglesias: "Ese jugador al que me refiero, ¿no era Dragoslav Sekularac?". A lo cual, sin vacilaciones, el popular vocalista exclamó entusiasmado: "¡Eso, eso es, sí, Dragoslav Sekularac! ¡Sí, claro que lo recuerdo! ¡Era extraordinario!". De soslayo aprecié en mi compañero de aquella noche un brillo de alivio en su expresión, lo cual, sin embargo, no era suficiente para su ego aún en vilo.
"¿Y qué has vuelto a saber de él?", interrogué. "¡Nada, pero nada! Dejé el fútbol y ya. Nunca más supe de él". El suspenso continuaba en nuestra mesa. "¿Sabes, Julio", insistí con evidente nerviosismo, "que el señor que tienes a tu lado es el mismísimo Dragoslav Sekularac?". A ello hubo unos largos segundos de cortante silencio en la escena. Una mueca de escepticismo marcó la reacción de Julio Iglesias. "¿Te das cuenta de lo que dices?", replicó con sorpresa, como si se tratara de una broma, "¿me estás diciendo que este hombre aquí sentado es Sekularac?".
Las manifiestas dudas del cantante lo llevaron a solicitarle al jugador que se pusiera en pie. Tocado en su orgullo, y como si se tratara de tener que desfilar ante un jurado calificador, y sin pensarlo dos veces, Seky, que era más bien asimétrico de contextura, cascorvo y no superaba los 1.65 de talla, abandonó el sofá, y tras avanzar dos o tres pasos se dio una vuelta entera, esperando el fallo.
Escéptico aún, el ídolo de la canción lo escrutó de pies a cabeza. Pero ni aún así logró convencerse de que se tratara del histórico Sekularac. "Con ese aspecto, ¡por Dios!, no te alcanza para ser un futbolista en ninguna parte. Hasta te creo que desempeñes otros oficios, pero, por lo que estoy viendo, ¡no tienes lo suficiente para ser un jugador de fútbol!", dijo con sorna el cantante.
Para alguien como el Pelé Blanco de aquellos tiempos, todavía en su esplendor deportivo, y por consiguiente toda una figura pública, el tener ahora que acreditar su identidad resultaba desobligante, inclusive a pesar de los términos amables del cantante español. Pero contra ello, al comensal yugoslavo aún le quedaba una carta por jugarse: Los documentos de identidad, que serían la prueba irrefutable.
Ansioso, Seky procedió entonces a palparse los bolsillos para desenfundar su último recurso en este trance insólito. Sonriente como en sus conciertos, Iglesias no parpadeaba. En éstas, desencantado el jugador descubrió que había dejado el pasaporte en el auto, pero también que no disponía ni siquiera de sus tarjetas de crédito, a lo cual su contradictor no paró de disfrutar el episodio como si se tratara del show de sobremesa.
A estas alturas de la situación sorprendía que el intérprete de Río Rebelde no reconociera de primera mano al Pelé Blanco, cuyo enorme prestigio se había paseado por los estadios del Viejo Continente durante más de una década. Por supuesto, de entrada este detalle tocó la autoestima de Seky, quien de inmediato me propuso poner en práctica una especie de ejercicio para la memoria del cantante, que continuaba embebido en la conversación con los suyos de mesa.
"No puedo creer que este tipo no me reconozca. Pregúntale", me pidió Sekularac, "si conoce futbolistas famosos de Yugoslavia". Sin vacilar, interrumpí a Julio Iglesias, quien amablemente accedió para contestar que, en efecto, durante su carrera deportiva había conocido a muchos y muy buenos jugadores yugoslavos. "¿Como cuáles?", insistí. "Hombre, pues, ¡muchos, muchísimos!", replicó mi interlocutor español. Ubicado entre el cantante y yo, Seky apenas aparentaba no darle trascendencia al asunto.
La charla enrumbó entonces hacia los campos deportivos y por las entonces ya lejanas experiencias de Iglesias en la portería del Real. Durante una de las tantas interrupciones previsibles, pues el cantante atendía simultáneamente a la gente de su mesa, Seky porfió en que yo le preguntara a su ilustre vecino acerca del futbolista más notable de Yugoslavia que hubiera conocido durante su paso por las canchas.
"¡Sí, claro, hubo uno estupendo! ¡El mejor de todos!", fue con vaguedad la respuesta de la vedette española de la canción, "sólo que ahora se me olvida su nombre". Entre la impaciencia y la bronca, mi amigo me miró de reojo. En tan incómoda circunstancia, volví a la carga tratando da darle alguna pista al entrevistado, quien, acosado por mi insistencia, se puso a remover memoria mientras hacía sonar los dedos como castañuelas para encontrar la respuesta. "Se llamaba, se llamaba... ¿Sabes? Lo tengo en la punta de la lengua". Expectativa en nuestra mesa. "¡No, se me escapa su nombre!", dijo luego el cantante. Una visita del mesero, algún asunto distractor del tema, algo se atravesaba, y la memoria de Julio Iglesias no daba en el blanco.
Un codazo aplicado con cierto siglo por mi amigo yugoslavo me indujo a repreguntarle a Julio Iglesias: "Ese jugador al que me refiero, ¿no era Dragoslav Sekularac?". A lo cual, sin vacilaciones, el popular vocalista exclamó entusiasmado: "¡Eso, eso es, sí, Dragoslav Sekularac! ¡Sí, claro que lo recuerdo! ¡Era extraordinario!". De soslayo aprecié en mi compañero de aquella noche un brillo de alivio en su expresión, lo cual, sin embargo, no era suficiente para su ego aún en vilo.
"¿Y qué has vuelto a saber de él?", interrogué. "¡Nada, pero nada! Dejé el fútbol y ya. Nunca más supe de él". El suspenso continuaba en nuestra mesa. "¿Sabes, Julio", insistí con evidente nerviosismo, "que el señor que tienes a tu lado es el mismísimo Dragoslav Sekularac?". A ello hubo unos largos segundos de cortante silencio en la escena. Una mueca de escepticismo marcó la reacción de Julio Iglesias. "¿Te das cuenta de lo que dices?", replicó con sorpresa, como si se tratara de una broma, "¿me estás diciendo que este hombre aquí sentado es Sekularac?".
Las manifiestas dudas del cantante lo llevaron a solicitarle al jugador que se pusiera en pie. Tocado en su orgullo, y como si se tratara de tener que desfilar ante un jurado calificador, y sin pensarlo dos veces, Seky, que era más bien asimétrico de contextura, cascorvo y no superaba los 1.65 de talla, abandonó el sofá, y tras avanzar dos o tres pasos se dio una vuelta entera, esperando el fallo.
Escéptico aún, el ídolo de la canción lo escrutó de pies a cabeza. Pero ni aún así logró convencerse de que se tratara del histórico Sekularac. "Con ese aspecto, ¡por Dios!, no te alcanza para ser un futbolista en ninguna parte. Hasta te creo que desempeñes otros oficios, pero, por lo que estoy viendo, ¡no tienes lo suficiente para ser un jugador de fútbol!", dijo con sorna el cantante.
Para alguien como el Pelé Blanco de aquellos tiempos, todavía en su esplendor deportivo, y por consiguiente toda una figura pública, el tener ahora que acreditar su identidad resultaba desobligante, inclusive a pesar de los términos amables del cantante español. Pero contra ello, al comensal yugoslavo aún le quedaba una carta por jugarse: Los documentos de identidad, que serían la prueba irrefutable.
Ansioso, Seky procedió entonces a palparse los bolsillos para desenfundar su último recurso en este trance insólito. Sonriente como en sus conciertos, Iglesias no parpadeaba. En éstas, desencantado el jugador descubrió que había dejado el pasaporte en el auto, pero también que no disponía ni siquiera de sus tarjetas de crédito, a lo cual su contradictor no paró de disfrutar el episodio como si se tratara del show de sobremesa.
Dragoslav Sekularac en sus años dorados, con el Estrella Roja de Belgrado durante la Copa Europea de Clubes Campeones. Como si se tratara de un duelo en la mismísima cancha, Sekularac, quien seducía al gran público con sus magistrales gambetas, intentó la jugada que le permitiera sortear de una vez por todas al adversario que tanto le incomodaba. Para lo cual se fue de correría por las mesas contiguas en procura del testimonio que pusiera fin a las dudas de su interlocutor español. Aunque allí varios comensales admitieron conocerlo, Julio Iglesias aún no daba crédito al asunto. Sería finalmente el mesero de turno cuyo testimonio venció la incredulidad del cantante, quien festejó el encuentro con un intenso abrazo y un efusivo brindis.
Por supuesto, tan singular ocasión ameritó la acuciosa presencia de un reportero gráfico de El Tiempo hacia la media noche y la respectiva publicación de este episodio en una crónica de media página dos días después. Entradas para su concierto y un par de cenas más con el propio Julio Iglesias como anfitrión, quien pemaneció durante una semana en la ciudad, quedaron como recuerdo de aquel capítulo tan insólito. De la segunda de las dos cenas recuerdo dos detalles: La crema de cebollas que se sirvió a mi despecho y a una bella y acaramelada mujer sobre su hombro. "Es una chica venezolana que conocí en Caracas y decidió comprar su boleto de avión para acompañarme en esta parte de la gira", me confesó, haciendo un guiño malicioso.
En cuanto al concierto, se aproximaba la hora y nos sobraba un par de boletas. Soltero y sin compromiso, me di a la afanosa búsqueda de alguien más que pudiera asistir, tarea que acometí desde un teléfono público en el Hotel Tequendama. Más de una conocida declinó la invitación por considerarla a destiempo. Mi último intento recayó sobre alguien a quien había tratado apenas de saludo y además a través del cristal de su puesto de trabajo: la telefonista de El Tiempo. Con sus 1.85 de estatura, era tan contundente y tan paradójica la belleza de esta santandereana, que nadie se le acercaba, razón por la cual ella solía almorzar solitaria, a un lado del conmutador. En fin, después de mucho implorarle porque no desperdiciara tamaña ocasión, muy a regañadientes accedió a asistir al concierto, siempre y cuando el evento no se prolongara demasiado.
Bajo la lluvia de aquella noche, en las calles aledañas al teatro reinaba el caos. No obstante estar agotada la boletería, los seguidores del cantante, en su mayorìa mujeres, porfiaban en ingresar a como diera lugar, lo que obligó a la policía a redoblar su misión. El conteo regresivo para el inicio del concierto había comenzado en medio del alboroto general y de mi angustia en particular. Ya faltaban diez minutos y la convidada no daba señales de vida. Por fin, y sólo gracias a su talla descomunal, logré distinguir su silueta en la distancia, caminando con dificultad por entre el gentío y con los hombros esquivando los centenares de sombrillas y de paraguas que techaban la acera.
Una vez en el interior del teatro a reventar, al descender por las escaleras que nos conducirían a la tercera fila procuré que mi invitada se adelantara hasta cuatro escalones, y ello para evitar que la ostensible diferencia de estaturas resultara bochornosa. Mujer de pocas palabras pese a la naturaleza de su oficio —o talvez por lo mismo— tomó asiento sin formular mayores comentarios. En verdad, su foco de atención era el reloj, dado que su madre, afectada por un resfrío, la aguardaba temprano en casa.
Sobre las 7:30 p.m. y en medio de la histeria de sus fans, enfundado en un elegante traje de terciopelo azul oscuro, Julio Iglesias hizo su estruendosa aparición en el escenario bajo una tormenta de color en las luces y de sonidos en perfecta sincronía, ante un teatro que parecía a punto de desplomarse. Inconmovible, con cara de hallarse en el lugar y en el momento equivocados, mi ocasional pareja se mantuvo sentada. El alborozo colectivo parecía intimidarla. A los primeros acordes de Río Rebelde el auditorio entró en verdadero éxtasis y comenzó a corear la melodía. De pronto, la orquesta se detuvo para dar paso al saludo del ídolo español, que comenzó su recital con Un canto a Galicia, otro de sus incontables éxitos del momento.
Cinco o seis canciones más tarde volvieron a detonar los compases de Río Rebelde. Ahora sí la vivencia del público alcanzaba su punto máximo con el súper éxito de la temporada. A la mitad de la canción, y con relativa sorpresa, mi compañera telefonista pareció despertar de su letargo memorístico y de su abulia para decirme: "Ahora caigo en la cuenta. Esa canción como que está de moda... ¿Cómo es que se llama ese cantante?". En ese preciso segundo volteé a mirar al amigo yugoslavo y pensé en las ironías de la vida: "Si de desconocidos famosos se trata, este es como el desquite de Seky...".
Enlaces al tema:
http://www.youtube.com/watch?v=117Xvnjsb7w (Julio Iglesias, Río Rebelde, 1974).
https://www.youtube.com/watch?v=7pB0fKhimBI (Julio Iglesias, Un Canto a Galicia, en gallego).
http://en.wikipedia.org/wiki/Dragoslav_%C5%A0ekularac (Biografía de Seky, Wikipedia).
http://wapedia.mobi/en/Dragoslav_Å (Seky, carrera futbolística)
Enlaces al tema:
http://www.youtube.com/watch?v=117Xvnjsb7w (Julio Iglesias, Río Rebelde, 1974).
https://www.youtube.com/watch?v=7pB0fKhimBI (Julio Iglesias, Un Canto a Galicia, en gallego).
http://en.wikipedia.org/wiki/Dragoslav_%C5%A0ekularac (Biografía de Seky, Wikipedia).
http://wapedia.mobi/en/Dragoslav_Å (Seky, carrera futbolística)
1971, revuelo por Sandro
La huella del tiempo se ha encargado de darle un tono medio sepia a esta fotografía en blanco y negro, captada el jueves 26 de agosto de 1971 en el Salón Esmeralda del Hotel Tequendama, de Bogotá. El acontecimiento es la presencia por vez primera en el país del cantautor argentino Roberto Sánchez Ocampo, el enorme Sandro (1945-2010), el súper ídolo de aquella generación en toda Hispanoamérica. El lunar amarillo recae sobre la cabeza del autor de este blog, entonces reportero de El Siglo. Inmediatamente a la derecha de Sandro aparece su manager y compositor de siempre, Oscar Anderle, fallecido en 1988. En el costado superior derecho de la foto aparece el actor colombiano Roberto Reyes.
El enjambre de periodistas se disputa las respuestas del ídolo, recordado como Sandro de América y como El Gitano. Los micrófonos corresponden a las pesadas grabadoras de la época, visibles sobre la mesa, donde se destacan algunos ceniceros. ¡Cambian los tiempos! Véase, por ejemplo, la existencia de un cigarrillo encendido, no obstante que, además de ser un recinto cerrado, hay bastante concurrencia en el lugar.
Sus éxitos Quiero llenarme de ti y Como lo hice yo se disputaban los primeros lugares de sintonía y ventas con otros temas suyos, como Rosa Rosa, Querida, Señor Cochero, Una muchacha y una guitarra, El maniquí, Trigal, Tengo, etc.
En la foto inferior, su autógrafo, obtenido en la rueda de prensa.
Enlaces:
http://www.coveralia.com/discos/sandro-20_grandes_exitos.php (Sus éxitos en audio).
http://www.youtube.com/watch?v=i6bdgpq-WqY (Quiero llenarme de ti, en vivo).
http://www.youtube.com/watch?v=IDqN_awBHFs (Porque yo te amo, en vivo).
http://www.youtube.com/watch?v=IDqN_awBHFs (Homenaje a Sandro, canta Badi).
http://www.youtube.com/watch?v=MoCFUcdDMl0 (Señor Cochero, videoclip).
http://www.youtube.com/watch?v=EeWv_7-1t2g&NR=1 (Una muchacha y una guitarra).
http://www.youtube.com/watch?v=xWFxbMDj2gs (Querida, en vivo).
http://www.youtube.com/watch?v=X7Ad0FaL8NE (Tengo, versión en una película).
http://www.freewebs.com/primermuseosandrista/ (Primer Museo Sandrista, videos, etc.)
http://www.youtube.com/watch?v=b1kYzGKN2v8 (Rosa, Rosa, video).
http://www.atodosandro.com.ar/ats/04_biografia/biografiapage22.htm (A todo Sandro).
http://www.youtube.com/watch?v=PNuZ2Sehl-E&feature=related (Mi amigo El Puma)
lunes, 25 de enero de 2010
Brasileños famosos en Bogotá
La escena corresponde a la proclamación de Brasil como tricampeón mundial de fútbol al ganar el campeonato de México 1970 y conquistar definitivamente la Copa Jules Rimet, que aquí sostiene Edson Arantes Do Nascimento, Pelé, el mejor jugador de la historia y el atleta del siglo XX. Tan trascendental momento fue difundido al mundo por la agencia noticiosa UPI (United Press International) a través del sistema de radiofoto. Dicho método consistía en la transmisión de una fotografía por ondas radiales, mediante un lector de imágenes, que venían acompañadas de un texto alusivo al acontecimiento informativo. En tinta azul, el autógrafo de O Rei es original y fue estampado con un bolígrafo barato. Se requiere hacer doble clic sobre esta y las demás imágenes, para apreciar mejor los detalles de la mismas.
Paulo Isidoro, al centro de la fila delantera, era una de las grandes promesas de la Selección de Brasil instalada en Bogotá para disputar con Colombia un juego de la eliminatoria suramericana para el mundial de 1978 en Argentina. Durante el recorrido del equipo por el Parque Nacional, monte arriba, aparecen en el centro uno de los legendarios masajistas del scratch, cuyo nombre ahora no viene a la memoria, y el autor de este blog, visible por el pantalón campana. Atrás, también de cabello largo y con la mirada sobre la vegetación, avanza el goleador Roberto Dinamite, del Vasco Da Gama, en compañía de un funcionario de la delegación. La escena fue tomada el martes 1º. de febrero de 1977.Así, a pie, sin escoltas ni vigilancia de ninguna clase, ni ambulancias, se movían los tricampeones mundiales por Bogotá, inclusive a riesgo de que un vehículo pudiera atropellarlos.
Otro de los grandes del fútbol mundial, también brasileño, campeón en México-1970, Jair Ventura Filho (1944-), mejor conocido como Jairzinho (derecha), es entrevistado para el diario El Siglo por el autor de este blog. Su equipo, el Botafogo de Río de Janeiro, llegaba el viernes 15 de enero de 1971 a Colombia para disputar la Copa Ciudad de Bogotá con el yugoslavo Partizán de Belgrado, Independiente Santa Fe y Los Millonarios.
Sebastian Pereda se contaba entre los nuevos valores de aquel Botafogo.
Esta fue una de las delanteras más recordadas del Botafogo de entonces y en cuyas filas jugaron varios mundialistas, como Gerson De Oliveira Nunes, segundo de izquierda a derecha, el propio Jairzinho, cuarto en el mismo orden, y Paulo César Lima, al extremo derecho de la foto. Este último había actuado en el Unión Magdalena y Júnior de Barranquilla.
Talvez la mejor selección de la historia: La versión 1970 de Brasil, tricampeón en México-1970 al derrotar en la final por 4:1 a Italia en el Estadio Azteca. Su andamiaje ofensivo estaba compuesto por Jairzinho, Rivelino, Tostao, Pelé y Edú, que aparecen aquí de izquierda a derecha. En esta alineación falta Gerson.Fiasco en inglés también se dice fiasco
Enero de 1973. Aún sin entenderlo, toda la atención de los presentes se concentra en la exposición que en inglés hace el flamante nuevo director técnico del Independiente Santa Fe, el británico John Evans, durante su primer encuentro con la prensa, en la Escuela de Carabineros de Suba, al noroccidente de Bogotá. Al evento se han sumado decenas de curiosos. Su compatriota Alan Cradock, contratado como preparador físico, también a la izquierda y localizado a espaldas de Evans, con el cabello sobre las orejas, bigote candado y buzo negro bajo la chaqueta, tampoco parpadea.Las dos primeras copas de aguardiente Cristal sobre la mesa han sido ya evacuadas por el entrante cuerpo técnico albirrojo. Periodistas y dirigentes han optado por la cerveza Rubia, hoy ya desaparecida del mercado. Las patillas en el look eran lo mandado de la generación de entonces. Dos de los exponentes más señalados de aquella moda eran los periodistas Rufino Acosta, de El Espectador (primero a la izquierda) y Alfredo Guevara, de El Espacio, quien le sigue en la mesa.
Siguiendo el sentido contrario al de las manecillas del reloj, desde la derecha, costado inferior, se aprecian la cabeza y las gafas de Guillermo La Chiva Cortés, presidente del Santa Fe; Humberto Rodríguez Jaramillo, conocido como El Tabaco, comentarista de Todelar y de El Espacio, y el autor de este blog, de gafas, bebiendo a pico de botella, enviado de El Tiempo. El siguiente comensal no se identifica y el posterior es Jorge El Topolino Zuluaga, entonces reportero judicial y años más tarde consagrado humorista del programa Sábados Felices en televisión.
Hasta hoy nadie sabe con qué criterios el Santa Fe —que en 1972 había terminado tercero detrás de Los Millonarios, campeón con un equipo de antología, y del Júnior de Barranquilla— contrató al binomio británico, que resultó un verdadero fiasco deportivo, a partir de la circunstancia del idioma. Al cabo de tres meses, cuando Evans y Cradock se vieron forzados a salir del club cardenal, llegó a decirse que ninguno de los dos había pateado nunca un balón de fútbol. Del primero trascendió que se trataba de un ingeniero al servicio de una firma de botes de fibra de vidrio en Londres. Del segundo, apenas, que era su alter ego en cuestiones de bohemia.
Se cuenta que el periodista Yamid Amat, hincha y por aquel tiempo miembro de la junta directiva del Santa Fe, en posterior reunìón privada con los dos británicos quiso halagarlos con un brindis en inglés, para lo cual, frenético, levantó su copa y les deseó un pronto exit, lo que sorprendió negativamente a los dos extranjeros, toda vez que estaba augurándoles todo lo contrario a su propósito: una pronta salida —en lo cual fue premonitorio— y no el éxito.
Por cierto, y también a manera de anécdota, la primera noticia sobre la contratación del dueto inglés salió al mundo desde Bogotá por la Agencia France Press (AFP), el último jueves de 1972, que era 28 de diciembre, ¡Día de los Inocentes!
Con El Maestro Pedernera
El miércoles 6 de octubre de 1971 arribaba Adolfo Pedernera (izquierda) al Aeropuerto Eldorado de Bogotá, invitado a un encuentro de estrellas del recuerdo de Los Millonarios contra una Selección Colombia, que tendría lugar el domingo 10 del mismo mes en El Campìn, con motivo de las bodas de plata del equipo embajador. Al centro, Guillermo González, secretario del Comité Olímpico Colombiano. Completa la escena el autor de este blog, entonces enviado del diario El Siglo a la llegada de las figuras.Aunque resulta fastidioso al lector el hablar un autor en primera persona, no obstante ser este un espacio de carácter bastante personal, aquí cabe citar —frente a los vaivenes de la memoria— que en la misma fecha asistí a la función nocturna del Gran Circo Ruso, según aparece anotado a espaldas de la foto.
Para quienes puedan estar llegando apenas a la sintonía de la historia del fútbol, habrá que decir que Adolfo Pedernera (1918-1995), distinguido como El Maestro, fue uno de los grandes jugadores del siglo XX. Delantero zurdo de gran habilidad, en 2004 fue catalogado por la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS), reconocida por la FIFA, como el 12º. mejor jugador suramericano del mismo siglo.
Estrella de Los Millonarios (1949-1954) durante los años de Eldorado, vino precedido de gran fama en la llamada La Máquina, uno de los mejores planteles del River Plate de Buenos Aires (1935-1946), así como del Atlanta (1947) y de Huracán (1948), con el que culminaría una carrera plena de éxitos (1955). Se coronó campeón con River (1937, 1941, 1942 y 1945), con los azules de Bogotá (1949, 1951, 1952 y 1953) y suramericano con Argentina (1941 y 1945), así como en la serie Bodas de Oro del Real Madrid (1952) y de la Mini Copa Mundo de Clubes (1953) celebrada en Caracas y como delantero de Millos.
En la gráfica de color sepia aparece Pedernera (izquierda) con la camiseta de River y la compañía de otra leyenda del Río de La Plata: Carlos Peucelle (1908-1990).
Como director técnico condujo a la primera clasificación de Colombia a un Mundial, con ocasión del realizado en Chile-1962. Su gran despecho como entrenador nacional fue el no haber podido clasificar a Argentina para el Mundial de México-1970, cuando los albicelestes resultaron eliminados por la brillante selección de Perú. Dirigiò además a Nacional de Montevideo, Gimnasia y Esgrima de La Plata, Huracán, Independiente, Boca Juniors, América de Cali y River Plate.
Contrario a varios estelares de su tiempo en Colombia, los también argentinos Alfredo Di Stéfano (1926-), su compañero en Los Millonarios, y Héctor El Pibe Rial (1928-1991), del Independiente Santa Fe de Bogotá, nunca se sintió seducido por los miles de dólares del Real Madrid, ni de equipo ninguno en Europa.
Su último viaje a Colombia tuvo lugar en 1994 con ocasión de la Feria Internacional del Libro, donde firmó autógrafos con el propio Di Stéfano y con otro gigante de la época y compañero en Millos, Néstor Raúl El Pipo Rossi (1925-2007). Publicó una autobiografía, El Fútbol que viví..., y que yo siento, asistido por el periodista argentino Alejandro Yebra. Los restos de El Maestro Pedernera reposan en el cementario de la Chacarita en Buenos Aires.
Estrella de Los Millonarios (1949-1954) durante los años de Eldorado, vino precedido de gran fama en la llamada La Máquina, uno de los mejores planteles del River Plate de Buenos Aires (1935-1946), así como del Atlanta (1947) y de Huracán (1948), con el que culminaría una carrera plena de éxitos (1955). Se coronó campeón con River (1937, 1941, 1942 y 1945), con los azules de Bogotá (1949, 1951, 1952 y 1953) y suramericano con Argentina (1941 y 1945), así como en la serie Bodas de Oro del Real Madrid (1952) y de la Mini Copa Mundo de Clubes (1953) celebrada en Caracas y como delantero de Millos.En la gráfica de color sepia aparece Pedernera (izquierda) con la camiseta de River y la compañía de otra leyenda del Río de La Plata: Carlos Peucelle (1908-1990).
Como director técnico condujo a la primera clasificación de Colombia a un Mundial, con ocasión del realizado en Chile-1962. Su gran despecho como entrenador nacional fue el no haber podido clasificar a Argentina para el Mundial de México-1970, cuando los albicelestes resultaron eliminados por la brillante selección de Perú. Dirigiò además a Nacional de Montevideo, Gimnasia y Esgrima de La Plata, Huracán, Independiente, Boca Juniors, América de Cali y River Plate.
Contrario a varios estelares de su tiempo en Colombia, los también argentinos Alfredo Di Stéfano (1926-), su compañero en Los Millonarios, y Héctor El Pibe Rial (1928-1991), del Independiente Santa Fe de Bogotá, nunca se sintió seducido por los miles de dólares del Real Madrid, ni de equipo ninguno en Europa.
Su último viaje a Colombia tuvo lugar en 1994 con ocasión de la Feria Internacional del Libro, donde firmó autógrafos con el propio Di Stéfano y con otro gigante de la época y compañero en Millos, Néstor Raúl El Pipo Rossi (1925-2007). Publicó una autobiografía, El Fútbol que viví..., y que yo siento, asistido por el periodista argentino Alejandro Yebra. Los restos de El Maestro Pedernera reposan en el cementario de la Chacarita en Buenos Aires.
domingo, 24 de enero de 2010
El tiempo vuela...

La única forma viable de recordar qué hacía el viernes 17 de julio de 1970 el autor de este blog —cuarto de izquierda a derecha en la fila izquierda, con gafas idénticas a las que se usan en el 2010 y con un look súperanticuado, pero propio de aquellos días— es consultar el reverso de esta fotografía, tomada en el desaparecido y prestigioso restaurante Gran Vatel. Los anfitriones de la prensa de la capital eran los miembros del Comité Colombiano de Pediatría, con motivo de un gran encuentro internacional. Es indispensable hacer un doble clic para visualizar mejor la foto.
Congreso de la ACORD, años 70
Aprende a tomar las mejores fotos
Al fotografiar paisajes, esculturas o grandes construcciones, incluir algo en primer plano para poder generar perspectiva. También es bueno para que la foto no sea igual a las millones de postales que se venden en los kioscos. Si se pone a un familiar, amigo o muñeco, la foto será más divertida y amena para mirar.
1. Cantidad en busca de calidad. Lo mejor para sacar buenas fotos es sacar fotos! A mayor cantidad habrá más posibilidad de que una foto salga bien. Además, la práctica hace al fotógrafo.
2. La tecnología. Aprovechar las ventajas de las cámaras modernas. Varios modelos, por ejemplo, incluyen la tecnología Perfect Touch, que mejoran las fotografías automáticamente, ajustando el brillo, el contraste etc.
3. Uso del flash. Ni muy cerca, para no "quemar" la foto con demasiado flash, ni muy lejos para que no haga efecto. Más de un metro y menos de 4 son un buen estándar. Además, en exteriores y con luz solar, también se puede usar flash, especialmente si hay muchas sombras.
4. El sol. Siempre de espaldas al fotógrafo, para iluminar bien el objeto o persona a ser fotografiado. Si sacamos con el sol en contra, la luminosidad será muy alta y además tendremos sombra sobre las personas/objetos fotografiados. Otro recurso es tapar el sol con la cabeza de la persona fotografiada, pero solamente si la luz solar no encandila. La mejor luz del día es la de la mañana y las últimas de la tarde. Conviene evitar el mediodía.
5. Altura / Posición: al fotografiar a chicos o personas más bajas, siempre es mejor acomodarse a su altura. Por la perspectiva, no queda bien una foto inclinada tomada desde arriba. Lo mismo hacia arriba, mejor subirse a una silla para poder tomar las fotos a la altura de los ojos.
6. Formato vertical: por más que parezca que las mejores fotos son horizontales, cuándo sacamos fotos de cuerpo entero, retratos o de un objeto muy alto, las fotos verticales suelen ser mejores. No desecharlo como opción.
7. Sin whisky. Las sonrisas forzadas nunca quedan bien. Para lograr tomas más naturales, una buena técnica es que el o los fotografiados miren hacia otro lugar, charlen y se relajen, para no estar pendientes de la cara que deben poner para la foto.
8. Old fashion: un recurso imbatible son las fotos en blanco y negro o sepia. Le da un look clásico a las fotos, que las puede hacer memorables. No hace falta sacarlas así, se pueden realizar esos efectos utilizando el software de edición que tienen las computadoras.
9. Paisajes. Al fotografiar paisajes, esculturas o grandes construcciones, incluir algo en primer plano para poder generar perspectiva. También es bueno para que la foto no sea igual a las millones de postales que se venden en los kioscos. Si se pone a un familiar, amigo o muñeco, la foto será más divertida y amena para mirar.
10. Fechas. Cuidado con la impresión de la fecha sobre las fotos: si está documentando el crecimiento de un hijo será perfecto, lo mismo si son fotos de un verano y después se quiere recordar cuando fueron tomadas, pero en general no queda bien tener unos números en una esquina de la foto.
Una compañía dedicada a la fotografía digital Kodak publicó un decálogo con consejos para volver de las vacaciones con mejores fotos.
Los 10 Tips
1. Cantidad en busca de calidad. Lo mejor para sacar buenas fotos es sacar fotos! A mayor cantidad habrá más posibilidad de que una foto salga bien. Además, la práctica hace al fotógrafo.
2. La tecnología. Aprovechar las ventajas de las cámaras modernas. Varios modelos, por ejemplo, incluyen la tecnología Perfect Touch, que mejoran las fotografías automáticamente, ajustando el brillo, el contraste etc.
3. Uso del flash. Ni muy cerca, para no "quemar" la foto con demasiado flash, ni muy lejos para que no haga efecto. Más de un metro y menos de 4 son un buen estándar. Además, en exteriores y con luz solar, también se puede usar flash, especialmente si hay muchas sombras.
4. El sol. Siempre de espaldas al fotógrafo, para iluminar bien el objeto o persona a ser fotografiado. Si sacamos con el sol en contra, la luminosidad será muy alta y además tendremos sombra sobre las personas/objetos fotografiados. Otro recurso es tapar el sol con la cabeza de la persona fotografiada, pero solamente si la luz solar no encandila. La mejor luz del día es la de la mañana y las últimas de la tarde. Conviene evitar el mediodía.
5. Altura / Posición: al fotografiar a chicos o personas más bajas, siempre es mejor acomodarse a su altura. Por la perspectiva, no queda bien una foto inclinada tomada desde arriba. Lo mismo hacia arriba, mejor subirse a una silla para poder tomar las fotos a la altura de los ojos.
6. Formato vertical: por más que parezca que las mejores fotos son horizontales, cuándo sacamos fotos de cuerpo entero, retratos o de un objeto muy alto, las fotos verticales suelen ser mejores. No desecharlo como opción.
7. Sin whisky. Las sonrisas forzadas nunca quedan bien. Para lograr tomas más naturales, una buena técnica es que el o los fotografiados miren hacia otro lugar, charlen y se relajen, para no estar pendientes de la cara que deben poner para la foto.
8. Old fashion: un recurso imbatible son las fotos en blanco y negro o sepia. Le da un look clásico a las fotos, que las puede hacer memorables. No hace falta sacarlas así, se pueden realizar esos efectos utilizando el software de edición que tienen las computadoras.
9. Paisajes. Al fotografiar paisajes, esculturas o grandes construcciones, incluir algo en primer plano para poder generar perspectiva. También es bueno para que la foto no sea igual a las millones de postales que se venden en los kioscos. Si se pone a un familiar, amigo o muñeco, la foto será más divertida y amena para mirar.
10. Fechas. Cuidado con la impresión de la fecha sobre las fotos: si está documentando el crecimiento de un hijo será perfecto, lo mismo si son fotos de un verano y después se quiere recordar cuando fueron tomadas, pero en general no queda bien tener unos números en una esquina de la foto.
Más información en http://www.neomundo.com.ar/
sábado, 23 de enero de 2010
Una visita muy especial
viernes, 22 de enero de 2010
¿Qué ves ahí?
¿Qué figura puedes apreciar en la manga de la blusa? ¿Serán sugestiones propías? La imagen fue descubierta en la mañana del viernes 22 de enero de 2010 en esta prenda, y a la hora de instalarlas en este blog, 4:27 p.m., del mismo día, aún se encuentra intacta. Inclusive, entre más lejos se aprecia mejor la configuración de la imagen, como en la del círculo rojo e inclusive del amarillo.lunes, 18 de enero de 2010
Fotos celular Nokia 3120 Classic
Vista de los cerros orientales desde el edificio Plaza.
Avenida Jiménez, hacia el occidente, desde la Carrera 7a, costado de la iglesia de San Francisco.
Esquina suroccidental de la Carrera 8a. con Avenida Jiménez.
Iglesia de La Veracruz, en la esquina suroccidental de la Calle 16 con Carrera 7a.
Vista hacia el norte, de la Carrera 7a. desde la acera oriental en la Avenida Jiménez.
Edificio de Avianca, desde la Avenida Jiménez.
El antiguo Palacio de San Francisco, en el costado norte de la Avenida Jiménez.
Transmilenio en la Avenida Jiménez, frente al antiguo Palacio de San Francisco.
Palacio de San Francisco, antigua sede de la Gobernación de Cundinamarca, hoy parte de la sede administrativa de la Universidad del Rosario.
Patio oriental de la antigua sede de la Gobernación de Cundinamarca.
Patio oriental de la antigua sede de la Gobernación de Cundinamarca.
Patio oriental del edificio donde funcionó la Gobernación de Cundinamarca, hoy una de las sedes administrativas de la Universidad del Rosario.
Segundo piso de la antigua Gobernación de Cundinamarca, edificio donde hoy funcionan diversas oficinas de la Universidad del Rosario.
Vista parcial del estudio del apartamento.
Segundo piso de la antigua Gobernación de Cundinamarca, edificio donde hoy funcionan diversas oficinas de la Universidad del Rosario.
Vista parcial del estudio del apartamento.
Vista parcial de la sala del apartamento. Por rara circunstancia, la foto se aprecia oscura aquí, no en la pantalla del celular.
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